DISCURSO
PRONUNCIADO EN EL MITIN DEL ROSARIO, EL 24 DE AGOSTO DE 1890
Conciudadanos :
Bienvenidos seais a ocupar el puesto que vuestro deber os señala;
bienvenidos seais a tomar participación en esta verdadera revolución
política y social.
Este país había llegado al extremo de ver comprometido el
honor nacional. No existía más que la dignidad ultrajada,
la libertad perdida, la dilapidación entronizada, la esclavitud
constituída, y las voces de ultratumba de nuestros mayores nos
pedían estrecha cuenta de nuestro silencio, de nuestra conducta,
de nuestra debilidad, de sus sufrimientos ante el escarnio y la befa y
el absolutismo de los poderes públicos.
Hubo un sacudimiento general; despertó la opinión y el pueblo
se ha dispuesto a romper las cadenas que le oprimían: por eso vemos
ese estallido de entusiasmo, esa explosión de sentimientos que
a todos nos unen en la llama vivificadora del patriotismo.
¡Desgraciados los pueblos que se hallan animados por el sensualismo
! ¡Desgraciados los pueblos que no tienen ideales!
Por no tener ideales cayó la antigua Roma con toda su corte de
bajezas y de inmoralidades; por no tener ideales cayó el Perú
en la postración más abyecta ; por no tener ideales Francia
fué esclava de los reyes y pasto de los palaciegos; por no tener
ideales la República Argentina ha sufrido la ignominiosa presidencia
de Juárez!
Porque en momentos de angustia olvidamos estos sagrados ideales, porque
hicimos de nuestras comodidades materiales, concentración de nuestros
sentidos y aspiración única de nuestros espíritus,
nos hemos visto vejados, ultrajados y deshonrados en nuestras afecciones
más caras, sin que a duras penas asomase el sonrojo en nuestras
mejillas y palpitaran de vergüenza nuestros corazones.
Al fin miramos a nuestro rededor, consultamos nuestras conciencias, levantamos
nuestras frentes, sacudimos nuestro letargo, nos inspiramos en nuestras
convicciones, dirigimos los ojos hacia la bandera de la patria, y el pueblo
ha recuperado su dignidad y se halla dispuesto a sostenerla, aleccionado
por el pasado.
En esta regeneración política y social, el ejército
ha hecho causa común con el pueblo.
El ejército está constituído para defender las leyes
y las instituciones, no para servir de pedestal a las tiranías;
y por eso el ejército, que es argentino, y por lo tanto patriota,
al ser hollados los fundamentos de la nacionalidad, al contemplar menospreciadas
las libertades y suspendidas todas las garantías, al ver mancillado
cuanto más noble y más digno y más santo conservan
los códigos del país, al vislumbrar la ruina moral y económica
de la República, precipitada por un hombre y una camarilla dueña
y señora de vidas y haciendas, se levantó en cumplimiento
de su deber y fué a la lucha a pelear ya morir por la causa del
pueblo, que eran su causa: por la ley y por la libertad !
Nos hallamos en los principios de la senda colocada frente a nuestros
ojos, y es necesario recorrerla hasta el fin, en todas sus escabrosidades,
a costa de todos los sacrificios, como corresponde a nuestra historia
y a nuestros antecedentes nunca desmentidos ni manchados.
Dejad esa tendencia de esperarlo todo de los gobernantes y grabad en vuestra
conciencia la convicción de que este proceder rebaja el nivel moral
de los pueblos.
Cuando un hombre está en el poder, necesita el consejo, el apoyo,
el cariño y el aliento de sus gobernados, que han de ser sus amigos,
no sus vasallos ; pero si ese hombre se olvida que se debe al pueblo y
no respeta derechos ni constituciones, el pueblo tiene la obligación
de recordarle los deberes de la altura, e imponerle su soberanía,
si no por la razón, por la fuerza !
LEANDRO N. ALEM
24 de Agosto de 1890
2003.
Una producción de Matías
Bailone. Villa Mercedes. Argentina.