Los memoriosos recuerdan aún esa
figura casi patriarcal, pequeña y encorvada, de larga y canosa
barba, que parecía de esos ancianos del Antiguo Testamento y que
con su valija de corredor de anilinas recorría la ciudad para ganarse
dignamente el pan.
Era frecuente encontrarlo en la Avenida de Mayo y Chacabuco, en la desaparecida
Confitería "La Victoria" saboreando una cerveza tirada
en un alto de su actividad de corretaje.
Se llamaba Elpidio González y era una leyenda política.
Había tenido una diltada trayectoria política y había
sido uno de los protagonistas principales de los tres lustros de gobiernos
radicales y había pagado caro su lealtad a la República
y a su partido durante la llamada Década Infame.
Elpidio González nació en Rosario el 1 de agosto de 1875
y era hijo del coronel Domingo González y Serafina González.
Cursó sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal,
egresando del Colegio Nacional de Rosario con el título de bachiller.
Posteriormente se trasladó junto con su madre a la ciudad de Córdoba,
ingresando a la Facultad de Derecho local cursando hasta el quinto año
de la carrera de abogacía sin concluirla.
De muy joven ingresó a las filas de la Unión Cívica
Radical y su primera actuación relevante en el terreno político
se produjo durante la revolución radical del 4 de febrero de 1905,
comandando un pelotón revolucionario. Tras la derrota del movimiento,
conoció por primera vez en su corta vida la cárcel por razones
políticas.
Sancionada la llamada "Ley Sáenz Peña", la Convención
provincial de la UCR lo proclamó candidato a gobernador de Córdoba
con vistas a las elecciones de 1912. El tribuno renunció a la postulació
en forma indeclinable, perfilándose ya entonces su estilo austero
y ascético. Fue proclamada entonces la fórmula Amenábar
Peralta-Vaca Narvaja. Elpidio, no obstante su declinación, participa
activamente de la campaña electoral forjando una fuerte relación
con el líder Hipólito Yrigoyen. Esa campaña radical
contaba también con dos figuras emblemáticas: el payador
Gabino Ezeiza y el "cura gaucho" Gabriel Brochero. Los conservadores
cordobeses del Partido Demócrata derrotan a los candidatos radicales.
El 20 de marzo de 1916 se reunió la Honorable Convención
Nacional de la UCR con el propósito de consagrar a los candidatos
a presidente y vicepresidente de la Nación. El binomio elegido
es integrado por Hipólito Yrigoyen y Pelagio Luna. Luego de reiteradas
renuncias del caudillo, finalmente los convencionales y dirigentes partidaruios
consiguen convencerlo de aceptar el estandarte radical en los primeros
comicios nacionales celebrados bajo el imperio de la ley que asegura el
voto universal, secreto y obligatorio.
En las elecciones celebradas el 2 de abril de 1916 triunfan los candidatos
radicales, Elpidio González ha sido miembro del Colegio Electoral
cordobés y en esas condiciones le corresponde el honor de sufragar
por el binomio Yrigoyen-Luna. También ha resultado electo diputado
nacional, pero no llega a cumplir su mandato legislativo ya que renuncia
antes de 12 de octubre toda vez que Yrigoyen lo ha convocado para conducir
la cartera de Guerra.
Como ministro de Guerra desarrolla una importante labor fundamentalmente
de reorganización administrativa. Reunía en su condición
de ministro las facultades de Inspector General del Ejécito, y
además en materia de contaduría y administración
dispuso que las unidades militares recibieran las raciones en especie
y no el importe en efectivo del costo de las mismas, como una manera de
evitar desviaciones presupuestarias.
Asimismo, dispuso la reducción de gastos del ramo unificando unidades
militares, lo cual motivara una interpelación de dos días
en enero de 1917 en la Cámara de Diputados en la que rindió
satisfactoria cuenta de lo realziado al respecto.
Renunció al cargo ministerial en setiembre de 1918 siendo sucedido
por el Dr. Julio Moreno.
El Presidente Yrigoyen lo convocó para una función de alta
complejidad: la Jefatura de Policía de la Capital Federal. Era
enero de 1919 y asomaba una crisis de tremendas consecuencias políticas
y sociales, producto de los sucesos del 4 al 7 de ese mes, y que daría
en llamarse "La Semana Trágica".
Los Talleres Metalúrgicos Vasena se encontraban en huelga y sus
plantas de San Cristóbal y Nueva Pompeya se hallaban sitiadas por
elementos pertenecientes a la Fderación Obrera Regional Argentina
(FORA) del V° Congreso, propulsor de la violencia y la acción
directa en el campo sindical.
Con el propósito de quebrar la huelga que paralizaba la actividad
del establecimiento con sus consiguientes consecuencias económicas
negativas, los propietarios con el apoyo de los núcleos empresarios
y políticos de la reacción recurren a la contratación
de personal que suplante a los huelguistas, los cuales al pretender ingresar
al local son atacados a tiros por los activistas. Se desata entonces una
represión feroz y los episodios arrojan un saldo de muertos y heridos
de ambos bandos.
El presidente Yrigoyen instruyó a Elpido para que estableciera
contactos con dirigentes de la FORA IX° Congreso, que era una escisión
del anterior que no propiciaba la violencia como medio político.
El Jefe de policía se reunió con Sebastián Marotta,
secretario general de la entidad gremial y sentaron las bases del acuerdo:
en las siguientes 24 horas la empresa Vasena aprobaría las mejoras
solicitadas por los obreros y el gobierno dispondría la libertad
de los detenidos por los disturbios. Como contrapartida, deberían
desalojar el establecimiento ocupado.
Lamentablemente, el plenario de la agrupación sindical rechazó
de plano las seguridades brindadas por González y decidió
la continuidad de la huelga. Elpidio se hizo presente entonces en la misma
sede de los talleres, procurando agotar la vía del diálogo
y evitar consecuencias sangrientas, pero su autoridad fue desconocida
por los manifestantes y fracasó su gestión. Debió
retirarse casi escapando del lugar ya que los más exaltados volcaron
e incendiaron su vehículo oficial ocasionando la muerte del custodio
subteniente Antonio Marotta.
La crisis llegó a su cenit cuando la patronal decidió recurrir
a los matones profesionales y grupos de acción directa emparentados
con lo más rancio de la reacción política local que
produjeron verdaderos "poogroms" en la ciudad de Buenos Aires,
desatando su furia antisemita y xenófoba; lo que fue respondido
con mayor violencia de parte de los sectores más combativos del
proletariado.
El presidente puso la ciudad bajo la autoridad del Ejército como
garantía de orden y paz ya que la policía había sido
desbordada por ambos bandos en disputa.
El jefe del acantonamiento de Campo de Mayo, el General Luis Dellepiane,
modelo de virtudes castrenses sometidas a la autoridad constitucional,
puso fin a la violencia y liberó el establecimiento fabril. El
saldo había sido de 20 muertos y más de sesenta heridos.
Como Jefe de Policía de la Capital, Elpidio González llevío
a cabo una importante obra de reestructuración de la institución.
Cabe reseñar aquí la adquisición de medios de movilidad
mediante la inversión de 230 mil pesos para la incoporación
de 16 camiones para traslado de efectivos, 4 automóviles cerrados
para oficiales superiores y 500 equinos para la Guardia de Seguridad de
Caballería y comisaría suburbanas.
También impulsó la creación de un Registro de Vecindad
para una mejor vigilancia de los malvivientes.
Asimismo, promovió el dictado de normas que limitaron las reuniones
públicas en las que por cualquier medio se preconizara el desconocimiento
de la Constitución Nacional así como el agravio de las insignias
nacionales.
Impulsó la construcción de un Sanatorio específico
para el personal policial, inciativa que se haría realidad mucho
tiempo más tarde.
Otra medida digna de destacarse es la creación del Certificado
de Buena Conducta que se otorga por razones de trabajo a las personas
que poseyeran cédula de identidad y carecieran de antecedentes
penales.
Así también vale mencionar la creación de la Alcaidía
de Menores en concordancia con lo previsto en la Ley 10.903 y las disposiciones
de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la
Capital.
Propugnó la construcción de la Alcaidía de procesados
y Contraventores en consonancia con las normas que orientaban la ciencia
penal de entonces. La iniciativa no se concretó durante su gestión
, sino en 1927.
El alza de los valores locativos motivó la preocupación
del Jefe de Policía quien consiguió en Acuerdo de Ministros
la autorización para la locación de casas higiénicas
y cómodas para subalquilar a personal policial que tuviese problemas
habitacionales.
La construcción del panteón policial en el cementerio de
la Chacarita fue también obra de González.
Finalmente, la participación en la Conferencia Sudamericana de
Policía que finalizó con el Convenio Internacional de Policía,
uno de los instrumentos más avanzados de la época para la
cooperación policial panamericana.
González dejó la jefatura policial el 2 de setiembre de
1921, siéndole aceptada la renuncia por decreto del PEN del 9 de
dicho mes donde se le agradecen "los relevantes servicios prestados".
La renuncia tenía motivos políticos de primer orden para
el radicalismo y el presidente Yrigoyen. Elpidio González debía
trasladarse a Córdoba - su provincia de adopción - para
intervenir activamente en el escenario político local. Ese año
se celebrarían elecciones para gobernador y vicegobernador de la
provincia, que hasta ese momento se encontraba en poder de los conservadores
del Partido Demócrata en la persona del primer mandatario Rafael
Núñez.
El 11 de noviembre la Convención de la UCR cordobesa eligió
a González como presidente del cuerpo, oportunidad en que éste
mocionó que se constituyera una comisión especial que debería
entrevistarse con el gobernador a fin de poner en su conocimiento "que
el partido Radical estaba dispuesto a ir a la lucha comicial a condición
que el gobierno admitiera un control federal, pero que sin esa garantía,
el partido se abstendría de participar en las elecciones".
En su condición de presidente del alto cuerpo partidario, se le
encomendó designar a los integrantes de la delegación -
que integró él mismo - siendo recibida de inmediato por
el gobernador Núñez, quien escuchó la petición
de la representación radical de que se solicitara al gobierno federal
la designación de un veedor del proceso electoral cordobés,
de boca del propio González. Era evidente que la satisfacción
de la demanda de los radicales implicaba tácitamente la admisión
de la acusación de parcialidad de las autoridades provinciales
a favor de los candidatos demócratas, razón por la que Núñez
rechazó la petición. Frente a dicha circunstancia, el presidente
de la Convención radical solicitó al gobernador el aplazamiento
del acto eleccionario, recibiendo una nueva negativa del mandatario.
Frustrada la gestión de buenos oficios encabezada por González,
la Convención provincial retomó la sesión que había
pasado a cuarto intermedio y, enterados de la contumaz actitud del gobierno
cordobés, resolvió "la abstención electoral
del partido radical en toda la provincia, mientras subsistieran las actuales
circunstancias".
Al día siguiente, llegó una comunicación admonitoria
del ministerio del Interior al gobierno provincial que, si bien agitó
el panorama, no impidió la realización del comicio programado
para el 13 de noviembre en el que, sobre un padrón de 165 mil votantes
sufragaron menos de treinta mil, es decir un porcentaje inferior al 20%.
En esa condiciones, el Partido Demócrata obtuvo 28.917 votos adjudicándose
los sesenta electores provinciales - pues la Constitución Provincial
preveía un sistema indirecto a semejanza de la Carta Magna nacional
-y el Partido Socialista obtuvo tan solo 599 sufragios.
El Colegio Electoral Cordobés se reunió el 17 de enero de
1922con la presencia de 56 electores y proclamó por unanimidad
al Dr. Julio Argentino Roca (hijo) como Gobernador y el Dr. Félix
Sarriá como Vicegobernador.
Mientras tanto, Elpidio debió retornar a la Capital de la República
a pedido del presidente Yrigoyen, para hacerse cargo nuevamente de la
jefatura policial a partir del 1 de diciembre de 1921. En su mensaje dirigido
al personal de la repartición con motivo de su reasunción
en la Jefatura, González definió de manera cabal la función
policial en el Estado de derecho: "(Es) la Institución una
amplia garantía para todos los derechos, como custodio del orden
a base de una libertad sin ilegales restricciones, según los fundamentos
que son la propia esencia de la democracia".
Continuó en el cargo hasta el 14 de marzo de 1922 cuando renunció
al ser consagrado candidato a Vicepresidente de la Nación por la
Convención Nacional del Radicalismo, acompañando en el binomio
al Dr. Marcelo Torcuato de Alvear.
Al respecto, cabe efectuar algunas consideraciones con respecto a la significación
que tuvo el mandato recibido por estos dos dignos ciudadanos argentinos
y radicales por parte del presidente Yrigoyen y el gran movimiento político
que ellos integraban y el que serían principales abanderados.
A fines de febrero de 1922 los convencionales nacionales de las distintas
provincias fueron invitados a visitar al presidente Yrigoyen quien los
recibió con gran calidez en la sede del gobierno donde escuha sus
demandas y les explicita su pensamiento. Eran más de doscientos,
pero el líder los recibe uno por uno y les habla del partido, de
las luchas, los triunfos, las derrotas, la obra realizada y lo que aún
resta por hacer...les habla de la elección y de la futura presidencia.
Sus interlocutores lo escuchaban con admiración y respeto, en silencio,
aguardando "la media palabra". Que no es tal, sino que es "palabra
entera": "Voten a Marcelo y a Elpidio", les dijo convencido.
En efecto, el 10 de marzo de 1922 se constituyó la Honorable Convención
de la UCR y elige a sus nuevas autoridades: Presidente Francisco Beiró,
Vicepresidentes: Ricardo Aldao y Belisario Hernández. Al día
siguiente el alto cuerpo partidario retomó la sesión con
el propósito de consagrar a los candidatos a Presidente y Vicepresidente
de la Nación. Tal el deseo expresado por Yrigoyen, son consagrados
Marcelo T. de Alvear con 139 sufragios y Elpidio González con 102
para integrar el binomio radical.
Al aceptar en honroso encargo de su partido, dijo Elpidio González:
"Inspirándome celosamente en las virtudes del esclarecido
ciudadano que hoy preside la República, cuyo ejemplo democrático
me considero en la obligación moral de manifestarlo, ha de constituir
la norma de mi acción".
El día 2 de abril se celebraron los comicios nacionales en los
que resultó triunfante la fórmula radical con 450 mil votos
sobre 200 mil de la Concentración Nacional, expresión política
de los conservadores.
Simultáneamente, el radicalismo cordobés preparaba un complot
con vistas a derrocar al gobierno provincial e impedir que asumieran Julito
Roca Y Félix Sarriá, endilgándoles el carácter
fraudulento de los comicios. Según Ricardo Caballero, uno de los
máximos responsables del conato revolucionario era don Rómulo
Argüello, veterano dirigente de la localidad de Río Segundo
y candidato a vicegobernador en las elecciones de 1919 y que contaba con
la solidaridad de Elpidio González. También se encontraban
implicados otros caracterizados líderes locales del radicalismo
como el ex gobernador Eufrasio Loza, Deolindo Machado, Luis Molina y Eduardo
Duffy, entre otros.
A comienzos de mayo de 1922, Argüello viajó a Buenos Aires
con el proósito de ultimar junto a Elpido González los detalles
del movimiento revolucionario que debía estallar en Córdoba
el 17 de ese mes, es decir el día de la transmisión del
mando de Núñez a Roca (h).
Por entonces, ningún dirigente radical podía sustraerse
a la posibilidad de visitar a Yrigoyen que finalizaba exitosamente su
presidencia. Concurrió Argüello a visitar al caudillo quien
lo recibió cortésmente. En el decurso de la conversación,
conocedor de las condiciones conspirativas del presidente, el dirigente
mediterráneo le narró al presidente los detalles de la conspiración
revolucionaria.
Yrigoyen lo cortó en seco y no lo dejó siquiera finalizar.
Le endilgó una filípica y le ordenó que viajara inmediatamente
a la provincia a desmontar el complot: "Se va Usted hoy mismo a Córdoba,
adelantándose al viaje que hará mañana Elpidio González.
A los amigos impacientes o inconscientes les referirá esta escena
y les comunicará mis decisiones que mañana llevará
el mismo".
Con este panorama, llegó González a Córdoba el 14
de mayo acompañado por sus secretarios Noble y Anchieri y el Dr.
Mariano de Vedia y Mitre. Este era un notorio conservador amigo de Julio
Roca (h) que le había sido presentado en la estación Retiro
antes de partir a la provincia. Fue una coincidencia: uno viajaba para
asistir al entronizamiento de su amigo, el otro para desalentar a sus
correligionarios que pretendían impedir que asumiera. Departieron
largamente durante el viaje. Al llegar a destino, se despidieron amigablemente,
ante el estupor de los grupos partidarios que aguardaban a uno y a otro.
Elpidio no se reunió con el hijo del conquistador del desierto
- como se especulaba - pero transmitió a los conspiradores la decisión
del Presidente Yrigoyen de respetar el resultado de los comicios en los
que la UVCR se abstuvo y por ende el futuro gobierno del Dr. Roca.
Los dirigentes revolucionarios cordobeses obedecieron las órdenes
transmitidas y se lo hicieron saber al presidente manifestándole
que "...confiando en la justicia de V.E. se evitará toda exteriorización
de protesta colectiva que pudiera originar dolorosas efusiones incompatibles
con la civilización política alcanzada".
El 12 de octubre de 1922 prestaron solemne juramento los nuevos presidente
y vicepresidente de la Nación, a la sazón Máximo
Marcelo Torcuato de Alvear y Elpidio González.
Comenzó así un nuevo gobierno constitucional que debía
ser continuidad del de Yrigoyen pero que bien pronto demostró vocación
diferenciadora del precedente. Las designaciones del gabinete de Alvear
eran o bien ajenas al partido - como la de José Nicolás
Matienzo en Interior - o bien hostiles a Yrigoyen - como los ministros
militares Justo y Domecq García. Como reflejo de los nuevos tiempos,
el ministerio fue mejor recibido por La Nación y La Prensa que
por La Epoca, el órgano oficial partidario.
El conflicto no tardó en producirse. Al concurrir Alevar a la apertura
de sesiones ordinarias del Congreso el 8 de mayo de 1923 promete "gobernar
con el concurso de los más aptos...", frase que fue interpretada
cabalmente por tirios y troyanos, es decir que se tendía un puente
de plata a los conservadores en detrimento de los partidarios de Yrigoyen
(supuestamente, los "menos aptos"). A partir de entonces, Elpidio
se distanciaría notoriamente de su compañero de fórmula,
por su indudable solidaridad con el ex presidente.
Posteriormente el distanciamiento se ahondó a raíz de la
carta privada que González remitió a Alvear donde le expresa
su malestar por la circunstancia de que no solicite autorización
al Congreso para salir de la Capital ni delegue el mando en el vicepresidente
en dichas ocasiones.
El intercambio epistolar entre ambos términos de la fórmula
gubernamental fue la comidilla de los mentideros políticos y periodísticos
- sobre todo de los más furibundamente anti-yrigoyenistas - a raíz
de la desleal publicación de las misivas. Todo el episodio derivó
en el definitivo enfriamiento de las relaciones entre ambos mandatarios
que, hasta entonces habían estado presididas por la cordialidad
y el respeto recíprocos.
Otro episodio que denota que tenor del enfrentamiento, que ya es definitivo,
entre las facciones radicales ocurrió a raíz de la facultad
reglamentaria del Vicepresidente de designar a los integrantes de las
comisiones internas de la Cámara Alta. A iniciativa del senador
por la provincia de Buenos Aires, Fernando Saguier --otrora amigo personal
de Yrigoyen - el cuerpo resolvió privar de esa potestad al presidente
natural del organismo y asumir por sí mismo esa facultad.
Al finalizar la presidencia de Alvear, más allá de la división
del radicalismo y de la alianza entre los antipersonalistas con los conservadores
y socialistas independientes para impedir el regreso de Hipólito
Yrigoyen al gobierno, el pueblo le otorga a este un mandato contundente
por una mayoría abrumadora de votos.
Al prepararse para asumir por segunda vez la primera magistratura de la
República, don Hipólito tiene hacia Elpidio un gesto inequívoco
de respaldo y reconocimiento a su inquebrantable lealtad: lo designa Ministro
del Interior, asumiendo el cargo el 12 de octubre de 1928. Le esperaba
una difícil labor en esa cartera, puesto que debía afrontar
la conflictiva situación política e institucional de las
provincias cuyanas, dominadas desde antaño por los clanes Lencinas
y Cantoni. Por ende, su primera misión consiste en el envío
de la intervención federal de Mendoza y San Juan con vistas a normalizarlas.
Desde el primer día de la segunda presidencia yrigoyenista, la
oligarquía y sus nuevos aliados conspiraron para derrocar al gobierno
legítimo y popular. Logias militares, grupos exaltados, prensa
sensacionalista, políticos opositores, grupos concentrados de poder
económico, todos formaban parte de la conspiración antidemocrática
que se centraba en la supuesta senilidad del caudillo radical y las supuestas
bajezas de su elenco gobernante, en el que a González se reservaba
un lugar de crítica feroz: no le perdonaban su férrea lealtad
a Yrigoyen y a la UCR durante el sexenio anterior.
En abril de 1929 se resolvió la intervención federal de
las provincias de Santa Fe y Corrientes, lo que motivó un pedido
de interpelación parlamentaria del ministro González en
el Senado donde sobrevivía la rémora del Régimen,
que además alimentaba una inquina especial contra quien fuera presidente
del cuerpo durante el mandato de Alvear.
El clima político interior se enrareció sensiblemente durante
ese año. Se perpetró el homicidio del caudillo mendocino
Carlos Washington Lencinas y se produjo un fallido atentado contra la
vida del presidente de la Nación. La crisis financiera de Wall
Street influyó notablemente sobre la economía nacional,
agregando un componente económico a la crisis generalizada.
En marzo de 1930 se realizan elecciones de renovación legislativa
que son inteligentemente presentadas por la oposición destructiva
como un plebiscito contra el gobierno del "caudillo bárbaro
y senil". El radicalismo triunfa en los principales distritos del
país, demostrando que no se ha evaporado el capital político
que significaba la abrumadora mayoría social que llevó a
Yrigoyen nuevamente a la Casa Rosada. Pero experimentó un retroceso
en la cosecha de voluntades, que fue más palpable en la Capital
Federal donde el novel Partido Socialista Independiente obtuvo la mayoría
y la minoría fue para el socialismo tradicional. Con una visión
fuertemente centralista, la derrota radical fue presentada como el apocalipsis
del liderazgo yrigoyeneano.
Hacia agosto de 1930 la Ciudad de Buenos Aires es escenario de tumultos
y manifestaciones contrarias al gobierno de Yrigoyen. Las Facultades de
Medicina y de Derecho son focos de activismo opositor. El 31 de agosto
en la inauguración de la exposición de la Sociedad Rural
Argentina, el ministro de Agricultura Juan B. Fleitas quien concurre en
representación del presidente, es recibido con una terrible rechifla
y gritos de "Muerte al Peludo!". La protesta ha sido cuidadosamente
organizada, con distribución de silbatos entre los asistentes.
El 2 de setiembre se precipitan los hechos. El ministro de Guerra General
Luis Dellepiane presenta su dimisión indeclinable. Tenía
en sus manos la información relativa a la conspiración civil
y militar en ciernes y pidió autorización al presidente
Yrigoyen para arrestar a los jefes militares revolucionarios, incluído
el general Uriburu. Pero el caudillo, confiado, le restó importancia
a los hechos, desairando a su ministro. Elpidio González quedó
entonces interinamente a cargo de la cartera militar. El desconcierto
reinaba en el elenco gobernante. El presidente acusaba un notable deterioro
físico, producto además de un estado gripal que se agravó
por entonces. Recluído en su casa de la calle Brasil, recibió
al vicepresidente Martínez, a los ministros González, Oyhanarte
y De la Campa, así como el gobernador bonaerense Nereo Crovetto.
Los ministros solicitaron al presidente que delegara el mando en el Martínez
para afrontar la difícil situación institucional. "Déjenme
reflexionar hasta el lunes" los despidió Yrigoyen.
La tarde del 4 de setiembre en una manifestación realizada en Avenida
de Mayo resultó muerto un empleado bancario. El clima se ha enrarecido
notoriamente en la Capital y la violencia comenzó a apoderarse
de las calles. Algunos partidarios del radicalismo toman venganza por
mano propia.
El 5 de setiembre Elpidio y Horacio Oyhanarte, que no demasiado secretamente
disputaban la herencia política del caudillo, concurrieron a su
domicilio encontrándolo muy desmejorado de salud. González
ingresó al dormitorio del enfermo y departió largamente
con él, aconsejándole delegar el mando, a lo que Yrigoyen
se negaba, siendo disuadido por los médicos que le recomendaron
reposo absoluto.
A las 17 horas de ese viernes 5, víspera de la mayor tragedia institucional
de la historia nacional, Enrique Martínez asumió la primera
magistratura de la Nación y en acuerdo general de ministros decretó
el estado de sitio en la Capital Federal por el término de treinta
días.
Los confusos sucesos acaecidos el sábado 6 de setiembre encontraron
a Elpidio González, sin demasiado éxito y en la medida de
los posible, resistiendo la sublevación desde el Arsenal de Guerra
junto con dos generales leales a la Constitución Nacional: Severo
Toranzo y Enrique Mosconi. El gobierno ha sido incapaz de articular una
mínima resistencia contra las bisoñas tropas del Colegio
Militar y la multitud enfervorizada que las acompañaban. En gran
parte, la responsabilidad era del vicepresidente en ejercicio del Poder
ejecutivo, pero a González como a otros colegas de gran predicamento
en el radicalismo, les cabe por su notoria inoperancia en defensa del
orden constitucional.
Llegada la columna revolucionaria a la Casa de Gobierno, el General Uriburu
y sus acompañantes se encaró con Martínez y le intimó
la renuncia, a lo que éste se negó en un principio instigado
por el ministro de Obras Públicas José Benjamín Abalos
y el edecán Tte. Coronel Pomar. La intervención del General
Agustín P. Justo y el Dr. Matías Sánchez Sorondo,
así como la amenaza de Uriburu de hacer bombardear el Arsenal de
Guerra y dependencias militares leales al gobierno, lo disuadieron entregando
inmediatamente su renuncia al cargo.
Mientras tanto, en el Arsenal de Guerra, González ignoraba el desenlace
producido en la Casa Rosada, hasta que se apersonó el General Justo
a comunicar la rendición de Martínez. El ex ministro de
Alvear fue abofeteado por el Gral. Toranzo al grito de "¡Traidor!".
Los leales comisionaron a Mosconi para confirmar la dimisión del
Vicepresidente, en virtud de la cual, alrededor de las 20 hs. se evacuó
el Arsenal de Guerra dejándolo en poder de los sediciosos. La revolución
había triunfado.
El presidente Yrigoyen, conducido a La Plata por Horacio Oyhanarte y el
gobernador Crovetto, es arrestado en el Regimiento VII de Infantería
del Ejército donde entregó su dimisión, quedando
arrestado.
Días después del triunfo revolucionario, se rumoreó
acerca de la existencia de una contrarrevolución radical tendiente
a reponer a Yrigoyen en el gobierno de la República. El caudillo
en carta dirigida al presidente de facto desautorizó toda tentativa
de alterar la paz y el orden en el país, no obstante lo cual el
gobierno decretó su prisión junto a otros importantes dirigentes
y ex funcionarios radicales entre los que se hallaba Elpidio González.
Ambos se encontraron recluídos en el vapor "Buenos Aires",
departiendo largamente en las horas de ocio obligado.
Félix Luna especula con la actitud asumida por el vicepresidente
Martínez y por Elpidio González durante los prolegómenos
revolucionarios y la misma jornada del 6 de setiembre. En su biografía
"Yrigoyen. El Templario de la Libertad", expresa sus dudas respecto
del accionar de ambos funcionarios como producto del conocimiento que
tenían de los hechos que se avecinaban endilgándoles la
intención de utilizar el golpe de Estado para hacer renunciar a
Yrigoyen para que asumiera Martínez la presidencia en forma definitiva.
Sostiene Luna "el exámen objetivo de los hechos autoriza a
presumir que consciente o inconscientemente, Elpidio González hizo
el juego a la revolución antes y durante el estallido...".
"No se explicaba (Yrigoyen) cómo podía haber ocurrido
todo lo de septiembre. Dudaba sobre la actuación de Elpidio González.
Llegó a preguntar insistentemente a su defensor si él creía
que González había sido un traidor".
Lo cierto es que el comportamiento posterior de Elpidio demostró
claramente que las sospechas que recayeron sobre él eran absolutamente
infundadas. De la revolución no podía esperar ningún
beneficio político ni económico en el orden personal. No
solamente se rehusó a percibir la pensión como ex vicepresidente
que por ley le correspondía, sino que para ganarse la vida debió
ingresar a la conocida firma productora de anilinas "Colibrí",
para desempeñarse como corredor de comercio percibiendo una modestísima
remuneración que le obligaba a vivir austeramente.
En la llamada Década Infame, Elpidio pasó a un plano casi
decorativo en el Radicalismo. No tuvo prácticamente actuación
cívica, quizá como un reflejo de dignidad y convicción
de que su tiempo se había acabado y que nuevas generaciones debían
asumir la defensa de La Causa.
En diciembre de 1942 fue recibido en audiencia por el presidente Ramón
S. Castillo, a quien solicitó diera por terminada de una vez y
para siempre la era del fraude en la Argentina.
La revolución militar del 4 de junio de 1943 puso fin a los gobiernos
sustentados en el fraude y abrió una nueva etapa en la historia
política argentina.
En la campaña electoral de 1945/46 Elpidio retornó a la
actividad política para acompañar a la fórmula radical
sostenida por la Unión Democrática integrada por José
Tamborini y Enrique Mosca. Luego de la derrota sufrida frente a la candidatura
del Coronel Juan D. Perón, el mítico ex ministro de Yrigoyen
volvió a su silencio político.
A comienzos de 1951 fue sometido a una intervención quirúrgica
en el Hospital Italiano donde permaneció convaleciente durante
seis meses. Era un eufemismo, no tenía dónde ir a vivir
ni quién le prodigara cuidados a su edad. Allí falleció
el 18 de octubre a las 4,25 hs., rodeado del afecto de su ahijado Tito
Anchieri , Orozco que fuera colaborador suyo desde los tiempos de la Jefatura
de Policía, Carlos Borzani e Ismael Viñas.
El gobierno decretó duelo oficial por dos días. Sus restos
mortales fueron velados en la sede partidaria de la U.C.R. y llevados
al cementerio de la Recoleta.
Su inhumación constituyó una apoteosis de su trayectoria
política y su conducta civil. El féretro conteniendo sus
restos mortales fue depositado en el panteón del Monumento a los
Caídos en la Revolución del '90, junto a Alem e Yrigoyen.
Como legado de su personalidad política y su compromiso cristiano
dejó indicado en su testamento que sólo deseaba "ser
enterrado con toda modestia, como corresponde a mi carácter de
católico, como hijo del seráfico padre San Francisco, a
cuya tercera orden pertenezco, suplico con amor de Dios la limosna del
hábito franciscano como mortaja y la plegaria de todos mis hermanos
en perdón de mis pecados y en sufragio de mi alma".
2003. Villa Mercedes, San Luis. Producción de
Matías Bailone.