MOISÉS LEBENSOHN

 

Lebensohn y la actualidad, por Raúl Alfonsín

 

Jueves 19 de junio de 2003 . Diario 'Rio Negro'. Argentina.


Un espíritu inquieto
Por Osvaldo Alvarez Guerrero


Moisés Lebensohn (1907-1953) es un caso paradigmático de lo que llamaría la cuota de "ignorancias parciales y recuerdos restringidos" en la historia política argentina. Los pertenecientes a esa esfera de confusas exclusiones en las diversas corrientes de la historiografía nacional se invisten con el rótulo de figuras secundarias. Esa clasificación de personajes del pasado en jerarquías de importancia y trascendencia pública no ofrece objetividad. La Historia no es una ciencia exacta. Por lo tanto, es frecuentemente arbitraria. Los historiadores suelen responder, y es casi inevitable que así sea, a preconceptos ideológicos, políticos, religiosos y hasta provenientes de simpatías personales.
Desde el punto de vista exitista de la vida política como carrera por la ocupación de cargos estatales, (escala valorativa hoy de moda ) se comprende el olvido o la ignorancia de la trayectoria de Lebensohn. El único cargo público nacional que tuvo fue el de convencional constituyente en 1949. Designado presidente del bloque radical, desde allí se opuso a la reelección presidencial. Denunció las cláusulas de corte totalitario, como el estado de guerra interno, que le permitía al presidente decretar la intervención de las fuerzas armadas en reemplazo de los poderes Judicial y Legislativo. En un discurso de sólido contenido jurídico y político, señaló cada uno de los componentes autoritarios del gobierno del general Perón y de la drástica eliminación de las libertades de prensa y expresión de las ideas, que caracterizó a su régimen. Al retirarse con su bloque de la Convención Constituyente reunida en tan irregulares condiciones, y en respuesta a los gritos de la mayoría "¡Que se vayan!" exclamó: "Volveremos, para dictar la Constitución de los argentinos". Poco más tarde, Lebensohn sufrió la cárcel por razones políticas durante más de un año y allí se quebrantó su salud física definitivamente.
Pero lo importante de Lebensohn no está en los cargos que ocupó, sino en su intensa vida política desde el llano y en la coherencia y lucidez de su pensamiento democrático. Por lo pronto, Lebensohn fue mucho más que un lúcido crítico del conservadurismo fraudulento de los treinta y del autoritarismo populista de los cuarenta. Periodista (fundador y director del diario "Democracia" de Junín, un ejemplo de periodismo moderno, inteligente y profundo); estudioso de la filosofía política y la economía, fue seguramente el teórico más interesante e inteligente de la Unión Cívica Radical. Queda de su pensamiento un puñado de discursos y de artículos periodísticos de lógica impecable y de vigorosa elocuencia. Hace décadas que no se reeditan, ni siquiera se difunden por el partido al que perteneció. La claridad expositiva de esas pocas piezas lebensohnianas no excluye un ideario denso y complejo que se filtra tras una escritura lineal con sentido pedagógico y esclarecedor. Pero además de intelectual comprometido, Lebensohn fue hombre de partido, un dirigente activo de la renovación de las estructuras partidarias del radicalismo, un formador de cuadros militantes juveniles, incansable misionero, tribuno de palabra racional y emocionada retórica, una síntesis difícil y pocas veces alcanzada por el discurso político.
Muchas de las ideas de Lebensohn eran el producto de las concepciones políticas y económicas de su tiempo y de su generación: el Estado de bienestar y la democracia social, en buena parte plasmados en el tantas veces invocado y poco conocido Programa de Avellaneda del Movimiento de Intransigencia y Renovación de 1945. El yrigoyenismo de Lebensohn era dinámico: no estaba anclado en el elogio acrítico de los gobiernos del gran caudillo. Por el contrario, lo consideraba la semilla de un proyecto inconcluso y muchas veces deformado por sus seguidores, por sus adversarios y por las propias limitaciones del fundador del radicalismo. La de Yrigoyen había sido una revolución democrática frustrada, aun latente en sus principios fundamentales.
Para Lebensohn ese proyecto seguía inconcluso, no solamente interrumpido. La idea lebensohniana tiene una dialéctica abierta que no culmina en el círculo acabado de la geometría utópica. Lebensohn era un espíritu inquieto y, a medio siglo de su desaparición, aún se despliega, potente, en las dos grandes líneas de su ideario: la democracia social y la condición intangible de la persona humana.
El materialismo marxista, al que conocía en profundidad, nunca hizo carne en él. Su concepto de las igualdades sociales y económicas lo condujeron a una concepción flexible de incomplitud en los procesos sociales. No creía en la lucha de clases como motor de la historia, sino en la posibilidad movilizadora de las necesidades insatisfechas materiales y espirituales, que alientan la inquietud de la condición humana en todas las capas de la sociedad. Era socialista en cuanto al valor de la igualdad y la justicia, pero su idea del desarrollo humano absorbe la chatura opaca de una sociedad definitiva. Afirmaba que "no pueden invertirse los fines del Estado, cuyo intervencionismo sólo puede referirse a la administración de las cosas y a los derechos patrimoniales, y no a los derechos del espíritu, morada de la libertad humana". Por eso la libertad, como realización indelegable del individuo, como desenvolvimiento de todas las potencias de la persona, signaba todo su pensamiento.
Hay una introspección poética de la vida del hombre que constituye en Lebensohn el punto central de su sensibilidad y de su ética política y lo alejaban de cualquier materialismo. De ahí que concibiera a la Argentina como una república que no constituye un simple trozo de territorio, un mercado o una factoría rica, ni una nación metafísica basada en etnias, religiones o lenguas, sino como sitio expansivo de la "causa del género humano". Su valor fundamental era la libertad. Pero "la libertad no está oprimida sólo por las dictaduras, sino también por el privilegio económico. La Argentina nació como una república con el valor supremo de la libertad. Y quien abjure de la libertad -señala- está abjurando de su condición de argentino".
Lebensohn murió a los 44 años, el 13 de junio de 1953. "No debo morir", decía en su lecho final. No parece que el Partido Radical de hoy esté recordando sinceramente los deberes que se imponía el alma agitada de Lebensohn, ni mucho menos recogiendo su mensaje. Más bien su dirigencia lo está suicidando. Poco interesa, porque Lebensohn supera de lejos la decadente conducción de un partido que perdió su rumbo y envejeció en su propia laxitud quedantista. Nunca fue una figura cómoda para los dirigentes enquistados.
Sin embargo, y eso es lo que importa, para las jóvenes generaciones su prédica y su modelo de vida, de severo compromiso público, registran una actualidad sorprendente. Conviene releerlo.

 

"La libertad de los pueblos no consiste en palabras, ni debe existir en papeles solamente. Cualquier déspota puede obligar a sus esclavos a que canten himnos a la libertad; y este canto maquinal es muy compatible con las cadenas y opresión de los que lo entonan. Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad. ¿Si me considero igual a mis conciudadanos, por qué me he de presentar de un modo que les enseñe que son menos que yo? "

MOISÉS LEBENSOHN, 1940

Moisés Lebensohn

Lebensohn,
un radical intenso y olvidado

Fue el máximo ideólogo de la UCR


"Volveremos, volveremos a dictar la constitución de los argentinos", gritó
aquel hombre macizo y corpulento, y se encaminó, ignorando insultos, hacia
una de las salidas del recinto, llevándose consigo a buena parte de sus
colegas de bancada.
El entonces convencional radical Moisés Lebensohn se hizo famoso aquel 3 de marzo de 1949 con aquel gesto que intentó frenar, sin éxito, la reforma
constitucional con clara intención reeleccionista que impulsaron los
legisladores leales al entonces presidente Juan Domingo Perón. Pero la vida y la militancia de aquel hombre intransigente y apegado a sus convicciones
habían comenzado bastante tiempo antes.

Nacido en Bahía Blanca en 1907, Lebensohn heredó de su padre médico la
vocación por el bien común. Luego de un breve paso por el Partido Socialista,
se afilió a la Unión Cívica Radical de Hipólito Yrigoyen, creyendo que de ese
modo defendería mejor sus ideales de nacionalismo en lo económico, justicia
social y liberalismo político.

Recibido de abogado, Lebensohn comenzó a combinar la actividad política con
el periodismo: en 1931 fundó, en la localidad bonaerense de Junín, el diario
Democracia, desde el cual defendería, durante dos décadas, los principios del yrigoyenismo.

Hacia fines de la década del treinta, el partido estaba, al igual que hoy,
frustrado y confundido. "Los jóvenes no encontrábamos el rumbo, en un partido que consentía el fraude, o colaboraba con él", recordó días pasados Alejandro Gómez, entonces joven militante y más tarde vicepresidente durante la gestión de Arturo Frondizi.

Dirigidos por Amadeo Sabattini y Roque Coulin, los jóvenes Ricardo Balbín,
Arturo Illia y Crisólogo Larralde se sumaron a Gómez, Frondizi y Lebensohn
para dar forma, en mayo de 1942 y en la localidad de Chivilcoy, a un congreso
juvenil donde se sentaron las bases de la "revolución" que intentaron
imponerle al partido. "Nos propusimos hacer las cosas honestamente, y bien",
rememoró Gómez, de 94 años, durante una entrevista con LA NACION en su casa de Belgrano.

Contra Perón

Lebensohn, que ya había cumplido cuatro años como concejal en su localidad, gritó a los cuatro vientos que a la UCR le faltaban "ejemplos morales y coraje para hacer reformas vitales de justicia social, que afectan intereses económicos".

Tres años más tarde, los jóvenes del Movimiento de Radicales Intransigentes
consiguen aprobar el "programa de Avellaneda", un intento nacido de la pluma de Lebensohn por reconquistar a las masas populares, ya entonces atraídas por el discurso de Perón. "Se intenta un sinuoso planteo: o vieja política o fascismo pseudorrevolucionario. Pero no es así: queremos una democracia con sentido humano", escribió el bonaerense.

El nuevo presidente hizo suyas, a partir de 1946, algunas de las banderas
históricas del yrigoyenismo, en lo que hace a los avances en materia social.
Pero poco respetó las formas de disenso democráticas y la libertad de
expresión, dos consignas irrenunciables de Lebensohn y los jóvenes
radicales. "Este pueblo era nuestro pueblo", se quejaba amargamente el
entonces titular del radicalismo bonaerense, el más poderoso del país.

Hacia 1949 llegaron la intención reeleccionista y la reacción de la UCR.
Después de aquel episodio, y a pesar de todo, muchos radicales intransigentes
se sumaron al gobierno justicialista. Lebensohn, al igual que otros políticos
opositores, fue perseguido y encarcelado casi en forma periódica, aunque
creyera que algunos aspectos de la gestión peronista debían sostenerse.

"El régimen caerá, tarde o temprano. Antes de eso hay que hablar con Perón
para salvar las conquistas sociales", repetía a sus correligionarios.
Muchos de quienes lo aplaudían comenzaron a recelar un pacto secreto con el líder del peronismo y lo acusaron de "traidor" a la UCR. "No aguanto más", le confesó, angustiado, a Gómez, poco antes de aquel 13 de junio de 1953, cuando su corazón dijo basta.

Sus restos fueron despedidos en una Junín con negocios cerrados y tristeza a
flor de piel. Se iba el incansable orador, el terco defensor de las libertades civiles, el hombre austero que llegó a prohibirle a su sobrino Miguel Dana participar en política mientras él estuviera vivo, porque "estaba en ventaja en relación con otros jóvenes".

A 50 años de su muerte, la UCR y el país siguen extrañando su ejemplo.

Jaime Rosemberg (La Nación 14/06/2003)

Moisés Lebensohn: ejemplo de Doctrina y Acción
Por RAUL BALBIN

Publicado en 'El Día', el 19 de Junio de 2003.


Hace cincuenta años, un 13 de junio de 1953, desaparecería una figura emblemática de la política argentina.
A pesar de haber fallecido tan joven, apenas cuarenta y cinco años, el influjo de su personalidad, la hondura de su pensamiento, calaron muy profundamente en un momento crucial de la historia de la U.C.R. y de la Nación, por tanto su obra y su trayectoria merecen ser difundidas.
Había nacido en Bahía Blanca un 14 de agosto de 1907 y desde muy joven abrazó la causa de la Democracia, ejerciendo desde la adolescencia el periodismo en cuyos quince años le hicieran escribir en un diario de campaña "Nuestra voz se hará sentir con toda vehemencia, cuando ella sea necesario en salvaguarda de los derechos e intereses del pueblo", y coherente con su línea de pensamiento jamás se apartó de aquella clarinada que lo despertara a la vida cívica, que muchas veces le costó la persecución y la cárcel, como a fines de 1930, por hablar en una fábrica en huelga, en solidaridad con los obreros que fueron su preocupación constante y por la juventud a quienes dedicara sus mejores esfuerzos y a quienes definiera como "la trompeta que pregona y la mano que lanza la semilla" y cuya misión decía debe ser "una juventud que pronuncie su mensaje con valor y vigor, no una juventud adocenada que cumpla con mansedumbre bovina las órdenes que llegan desde arriba". A los 24 años, para ser más precisos el 17 de octubre de 1931 funda en Junín su ciudad adoptiva, el periódico "Democracia".
Concejal en 1936, ya su fuerte personalidad se destaca y en 1938 es elegido Secretario General del Congreso Nacional de la Juventud Radical.
Presidente de la Junta Organizadora del V Congreso que en 1942 se reuniera en la Ciudad de Chivilcoy y que bajo su inspiración creadora produjera el pronunciamiento más importante de la Juventud de la U.C.R.
Las proposiciones juveniles de aquellos congresos presididos por Lebensohn en 1942 y 1944, llegan a ser sancionados casi textualmente en 1948 por la Honorable Convención Nacional quedando desde entonces como Bases de Acción Política y Profesión de Fe Doctrinaria.
Ese "Grito de Chivilcoy", como gustaba decir Lebensohn, sacudió las adormecidas conciencias que desde dentro y fuera del Partido estaban esperando una aurora de redención.
Fue junto a Larralde y Balbín entre otros, uno de los fundadores del Movimiento de Intransigencia y Renovación, por cuya lucha denodada en pos del voto directo de los afiliados triunfó en los comicios internos de la Provincia de Buenos Aires la fórmula Prat Larralde en 1946.
Lebensohn combatió con denuedo lo que él llamaba la política del "servicio personal", vieja maña de los caudillos de la política criolla que servía para que estos se manejaran con dádivas y prebendas ante su clientelismo electoral.
Luchó por la nacionalización del petróleo y la soberanía económica. Denunció la ley del Presidente Avellaneda que repartió 15 millones de hectáreas entre 250 personajes de la oligarquía vacuna, levantando la bandera de la reforma agraria.
En la Convención Constituyente de 1949 le tocó presidir el bloque de convencionales de la U.C.R. desde donde se opuso a la reelección del Presidente. Contrariamente a lo que se piense mantuvo una amistad con Eva Perón que le devenía de los pagos de Junín y con quien se reunía a la luz del día en una confitería de la calle Corrientes.
Presidió el Comité de la Provincia de Bs. As. en 1950 y como tal organizó el Congreso Agrario de Tandil, el Congreso Gremial de Avellaneda y el Primer Congreso Femenino Radical en Lanús.
En 1952 fue electo Presidente de la H. Convención Nacional en cuyo alto sitial lo sorprendiera la muerte y donde quedara grabado su postrer discurso que cerraría diciendo "Trabajaremos, lucharemos y sufriremos juntos compatriotas radicales, compatriotas argentinos. El esfuerzo no será estéril. De ese sacrificio está naciendo una vida nueva. Todo parto es laborioso, demanda sangre, requiere sufrimiento.
"Ahora se está alumbrando en la tierra argentina el nacimiento de la vieja Patria, que nosotros legaremos a nuestros hijos como una esperanza para toda la Humanidad.

Una producción de Matías Bailone para RADICALISMO EN LA WEB