Decía Moisés
Lebenshon, al inaugurar un Congreso Juvenil en 1952: "Salvemos a
la Argentina liberando a nuestra patria de la presión internacional
y de los factores económicos y sociales que la configuran. Si logramos
hacerlo, veremos entonces cómo en la Argentina no habrá
más fraude, ni dictadura, ni iniquidades que se cometan contra
la dignidad del hombre y del pueblo. Este es el gran programa del radicalismo
y de la juventud: liberar a la patria. Debemos cumplir esta misión
en momentos en que cruje la estructura del mundo; en que las fuerzas
del privilegio internacional luchan por mantener el "status quo"
en todas las áreas que controlan y sin reparar en medios ni formas.
Debería ser éste el momento en que los argentinos habláramos
el idioma de San Martín y conquistáramos nuestra independencia
total ante todas las naciones del mundo, repitiendo palabras de Irigoyen,
según quien la vida de los hombres debe ser sagrada para los hombres
y para los pueblos."
Estos pensamiento de ese extraordinario luchador por la democracia, la
justicia social y la lucha contra la presión internacional que
fue Lebenshon, cobran en la actualidad más fuerza que nunca, ante
los desmanes imperiales del gobierno de los Estados Unidos y las presiones
inadmisibles que vienen sufriendo los países que se oponen a su
oprobiosa política.
Desde luego, después de la invasión a Irak y el consecuente
inicio de una guerra sin tiempo y sin códigos, no podía
esperarse que las presiones desaparecieran y, sobre todo, que no recayeran
con más fuerza en nuestra América Latina, luego de advertirse
las primeras consecuencias del desastre ocasionado.
Sucede que ahora se nos pretende vincular a tareas que logren impidir
cualquier tipo de acción de lo que han dado en llamar la democratización
de Irak para regresar a la normalidad institucional, claro está,
después de transcurrido el tiempo necesario para llevar a cabo
todos los negocios.
Se nos ha pedido que enviemos a la gendarmería para garantizar
la seguridad. Yo no sé bien, cual es exactamente la posición
del nuestro gobierno. Pido disculpas si estoy equivocado, pero creo haber
entendido de la lectura de los diarios que existe cierta desorientación,
a juzgar por declaraciones que me parecieron distintas. Según creo
recordar el Presidente de la Nación, en un primer momento, se refirió
a la necesidad del requerimiento del Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas. Posteriormente, luego de su muy buen discurso sobre las Malvinas,
el Ministro Rafael Bielsa fue categórico en el sentido de que no
se enviarían tropas, pero señaló un tanto confusamente
que le expresó a Kofi Annan que la posición argentina se
establecía en el marco de la resolución 1483 de colaborar
en las tareas de la paz bajo el mandato de su delegado. Aunque agregó
con gracia lo que interpreto como una fina ironía sumamente expresiva:
"La oferta la tiene Annan y él nos tendrá que decir
qué necesita, por ejemplo, instructores para la formación
de la policía de tránsito de Bagdad."
Desde luego, queda claro que no lo harán si están a las
órdenes de los invasores, pero observo actitudes más oscuras
si llegara a tratarse de una resolución del Consejo de Seguridad
de las Naciones Unidas, aunque no corresponde tener dudas acerca de que
el Canciller siguió instrucciones del Presidente.
Además, el propio Consejo de Seguridad ha actuado de manera que
a mí entender le resta confiabilidad. Una vez que el gobierno de
Estados Unidos advirtió las enorme dificultades con que se encontraba
en Irak, decidió recurrir a las Naciones Unidas, a la que con anterioridad
había despreciado y humillado. A partir de la resolución
del 22 de mayo, la ONU y los invasores trabajan juntos en ese país.
Dicho en otras palabras, el delegado del Secretario General, debe reconocer
a "la autoridad", término con el que se define a las
fuerzas de ocupación.
Nuestra posición es que desde ningún punto de vista y bajo
ninguna circunstancia debemos enviar ninguna fuerza de seguridad. Conociendo
lo que está sucediendo en Irak, donde la enorme mayoría
del pueblo, sin distinción de religiones o partidos reclama cada
vez con más ira que se retiren los estadounidenses. No puede caber
duda que, estén a las órdenes de quien sea, su misión
última será la de reprimir, y a esto, como lo decía
Lebenshon, no lo podemos hacer, si queremos liberar a nuestra patria de
presiones internacionales en momentos en que la estructura del mundo cruje
más que en su época.
Si de ayuda humanitaria se tratara, la Argentina debiera echar mano a
la organización de los Cascos Blancos, que esperamos que el gobierno
no haya olvidado en su pertinaz búsqueda de originalidad.
Pero el Secretario general de la ONU ha tenido una idea peregrina: la
de enviar fuerzas de paz a Irak, como si no supiera que los cascos celestes
actúan cuando dos países en pugna lo solicitan, ya sea para
garantizar la paz, o para resguardar las condiciones que dieron motivo
a la terminación de la guerra. Desde luego, el caso de Irak nada
tiene que ver con estas situaciones.
Decía Lebensohn que en cualquier otro sitio la Patria puede ser
una mera expresión geográfica, pero en la Argentina es,
no una porción de tierra, sino un contenido moral y un sentido
histórico ligado a la idea fundamental de la libertad los
forjadores de nuestra libertad no quisieron crear un país más.
Cuando el Gran Libertador descendió con sus tropas en las playas
de Pisco, dijo una frase que es el lema de los argentinos: "Nuestra
causa es la causa del género humano." quienes se alzan
contra el sentido de libertad y contra los contenidos profundos que dieron
nacimiento a nuestra Patria, son perjurios del sentimiento de la Argentina."
Así ocurriría si alguien pensara en enviar nuestras fuerzas
armadas a una mascarada del poder con el propósito de esconder
la verdadera naturaleza de una guerra sin sentido, la masacre de civiles,
las mentiras que embaucaron a los pueblos, y de esta manera convertirnos
en complacientes seguidores de un oprobio histórico.
Es mi deseo que sirvan mis modestos pensamientos para poner de relieve
la importancia y actualidad de los de Moisés Lebenshon y rendirle
un homenaje sentido a quien considero una de las figuras preclaras de
nuestra Nación.
Raúl Alfonsín, Junio de 2003.
Agradecemos
la gentileza delDr. Federico Polakde acercarnos este artículo.