Haciendo
un paréntesis al episodio del acontecer diario, nos reunimos hoy
en la universalidad de la cultura para rendir merecido homenaje a un espíritu
luminoso, que brilló con luz propia en el firmamento de la intelectualidad
argentina.
Córdoba, que lleva siempre en su alma de ciudad viva y despierta
cuanto pueda significar dimensión de progreso, no olvida nunca
a los hijos de provincias hermanas que en su acción trascendieron
los parajes locales, para fortalecer de un modo u otro los caracteres
prístinos de la argentinidad, y así llega en esta ocasión
con humilde pero sentido tributo al tucumano ilustre, Ricardo Rojas, Santo
de la Letra Americana.
Rojas cultor del profesorado en sus cátedras de literatura española
y de filosofía; Rojas Decano de Facultad, Rector de la Universidad
Nacional y consejero de la Universidad de La Plata; Doctor "honoris
causa" de Universidades extranjeras; Académico de Madrid,
New York, Perú, Uruguay, Venezuela, México y Santo Domingo.
Rojas periodista, crítico, poeta, dramaturgo, historiador y político,
sirve en la augusta dignidad debida a las deidades líricas, poniendo
en su cielo pinceladas recias que son amaneceres permanentes para el mundo
entero.
Su pluma no reconoció jamás la fatiga de sus manos, y a
sus manos bajó el arte del saber decir, alimentado por la idea
vigorosa y brillante, que abrevó su sed de exposición en
las fuentes más diversas, pero siempre autóctonas y puras.
En "La Victoria del Hombre", "Lises del blasón",
"Canciones" y "Oilantay", canta el poeta para enmudecer
al hombre. Con riqueza descriptiva dialoga luego con el árbol,
el indio y el gauchaje bravío, llevándonos, con calidad
de auténtico guía, a través de "El país
de la selva" penetrando también en el mundo mágico
de las bambalinas con sus obras "Elelin" y "la Casa Colonial".
Rojas coloca siempre banderas de avanzada en la literatura sin abandonar
un paciente retorno al pasado histórico. El literato no deja jamás
al historiador y de este modo la galanura del lenguaje va nutrida por
la visión de lo que fue, que nos regala sin esfuerzo en "El
santo de la Espada", "Cartas de Europa", "Las Provincias",
"El profeta de la pampa" y en su obra cumbre "Historia
de la literatura argentina".
Y aún es su personalidad más rica, pues el literato e historiador
abraza la inquietud filosófica buscando la explicación de
una continuidad lógica en su "Filosofía de la Nacionalidad"
que integran "la restauración nacionalista", "Blasón
de Plata", " Argentinidad:" y "Eurindia", donde
nos es dable investigar los aportes que concurrieron a la formación
de los pueblos hispanoamericanos y contemplar una incitación ferviente
por la cultura autóctona.
En nuestro pensamiento, no aceptamos americanismo alguno sin un espíritu
absolutamente franco hacia la libertad y rebelde a las cadenas de la opresión
que someten la personalidad humana. La historia de América ha identificado
siempre a sus hombres en un eco libertador que no reconoció nunca
obstáculos de glaciares, macizos, selvas ni cuencas oceánicas.
Sólo claudicando del ideario americano, traicionando sus orígenes
u oscureciendo su porvenir, es posible no participar de este concepto.
Rojas, rastreador eminente del ayer y fiel a las lecciones que aprendiera
y enseñara, no claudicó ni traicionó y en consecuencia,
perturbadas las libertades públicas en 1930, sufrió el confinamiento
en Ushuaia por defender junto a las legiones cívicas del radicalismo
la restitución de los principios de libertad y democracia. En las
horas aciagas que todo país es susceptible de vivir por el materialismo,
la ambición, el olvido o la incomprensión de los hombres
que cobija, o en las etapas donde la serenidad y la cordura comienzan
a sentar su debida señoría, conceptuamos necesario hacer
un alto en el camino para en breves semblanzas como ésta, rectificar
los errantes derroteros o refrescar la huella fatigosa de la paz, abierta
con franqueza. por espíritus como Ricardo Rojas.
VÍCTOR
H. MARTÍNEZ.
(Extraído
de 'Discursos' de Víctor Martínez, 1965, Imprenta de la
Universidad Nacional de Córdoba.)
Ricardo
Rojas Rector U.B.A. 1926 - 1930
Escritor,
docente e investigador que marcó con su obra y su pensamiento
la cultura de nuestro país. Nació en Tucumán en
1882 y llegó a Buenos Aires en 1899 para dedicarse a las letras.
Murió en Buenos Aires el 29 de Julio de 1957, día que
se consagra en su homenaje por su aporte a la cultura como 'Día
de la Cultura Nacional' mediante el Decreto 164 de 1982. Fue educador,
escritor, periodista y un destacado orador argentino. En ese mismo año
publicó su primera obra poética "La victoria del
hombre", iniciando con ella una trascendente obra literaria. Siendo
Joaquín V. González rector de la Universidad de La Plata
convocó a Ricardo Rojas como docente, quien en 1909 creó
la Facultad de Humanidades. Fue
presidente del comité de recepción de Rabindranath Tagore
en Noviembre de 1928, en oportunidad de la visita de éste a Argentina,
recibiendolo junto con Leopoldo Lugones y otras personalidades. Orador
reconocido y profundo, su palabra poseia un magnetismo tal, que encantaba
a su audiencia. Ricardo Rojas creia que 'la palabra es divina y por
eso puede operar y ser creadora'. Una de sus alumnas, Celina Sabor de
Cortazar, decía que cuando Rojas se paraba frente a su auditorio
'algo cósmico emanaba de su mirada... Había en su pose
y en sus gestos, algo ritual, ligtúrgico...Creaba una atmósfera
de misterio en la que el era oficiante'. En 1913 fue convocado por la
Universidad de Buenos Aires para crear la primera cátedra de
Literatura Argentina inaugurada el 7 de junio. En 1921 fue designado
Doctor "Honoris Causa" por la Universidad de Buenos Aires
y Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de 1921 a 1924.
Como decano de esa facultad creó una escuela de bibliotecarios
y archivistas, y los Institutos de Filología y de Literatura
Argentina que actualmente lleva su nombre.
Fue electo Rector de la Universidad de Buenos Aires en 1926, cargo que
desempeñó hasta 1930. Como Rector fortaleció la
investigación y promoción cultural a partir de la Extensión
Universitaria. Su accionar y pensamiento se ven reflejados en su siguiente
reflexión: "En nuestro común anhelo de perfeccionamiento, hemos
practicado la extensión universitaria según la escasa
medida de nuestros recursos despertando en la sociedad una onda creciente
de simpatía... pero todo eso es nada, si lo comparamos con lo
mucho que aún nos resta por hacer". En 1953 al cumplir
Rojas la Bodas de Oro con las letras, el Centro de Derecho y Ciencias
Sociales solicitó para el escritor el Premio Nobel de Letras.
Solicitud a la que adhirieron las Universidades de Arequipa, Cuzco,
San Marcos Lima, de La Paz, de Oruro, de Honduras, de Nicaragua y de
Salamanca, entre otras.
En 1955 fue designado Embajador Argentino en Lima, misión que
no pudo llevar a cabo por razones de salud. Ricardo
Rojas fue un activo defensor de la universidad pública y co-gobernada,
con un profundo respeto por la democracia universitaria que se manifiesta
en el texto de su renuncia como docente frente a la intervención
de la Universidad en 1946: "Hay que obtener cátedras
por el saber, pero hay que tener el valor de dejarlas por la dignidad".